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Reutilizamos el agua

Mi experiencia como greenkeeper me demostró que la alternativa al riego con agua procedente de la red de abastecimiento, o de la captación de pozos, es el riego con agua residual. Riego que se viene realizando en algunos campos de golf desde hace tiempo, y cada vez son más los campos que utilizan estas aguas para el riego. Es lógico pensar que éstas puedan tener más futuro en el ámbito ornamental que en el agrícola, ya que es el aspecto estético y funcional, y no el rendimiento productivo, el criterio más importante a tener en cuenta en el proceso de selección de plantas ornamentales, entre las que incluimos a las formadoras de céspedes. Esto hace que sea posible admitir aguas residuales con una determinada concentración de sales para su uso en el riego de céspedes y plantas ornamentales, cuando en muchos casos no es posible hacerlo en otros cultivos agrícolas convencionales.

El uso de aguas residuales disminuye los aportes de contaminantes a los cursos naturales de agua, aunque exige una serie de tratamientos antes de su utilización para el riego de campos de golf. El tratamiento de un agua residual consiste en una combinación de procesos y de operaciones de tipo físico, químico y biológico destinados a eliminar los residuos sólidos, la materia orgánica, los microorganismos patógenos y en algunos casos, los elementos nutritivos contenidos en el agua residual, como son el nitrógeno y el fósforo. Lo que no debe faltar, una vez realizadas estas operaciones, es un tratamiento de desinfección, el cual consiste en la inyección de una disolución de cloro. Este último tratamiento que suele hacerse en la misma EDAR, o estación depuradora, se realiza con dosis de cloro que dependerán de varios factores, como el contenido microbiano del agua residual, aunque su valor puede oscilar entre 5 y 10 mg/l. El objetivo es conseguir, después de un tratamiento secundario en la depuradora, unas concentraciones de 23 coliformes en 100 ml., si el riego se realiza en ausencia de público y si la superficie se deja secar antes de que sea utilizada. Si no es así, y si existen viviendas próximas y si el riego se realiza por aspersión, la concentración de coliformes en el efluente no debería sobrepasar lo 2,2 coliformes por 100 ml, de acuerdo con los resultados medios de los análisis bacteriológicos realizados, sin que llegue a pasar los 23 /100 ml.

Pero antes de utilizar estas aguas para el riego, conviene realizar un estudio que contemple la geología, las aguas subterráneas, el clima, el tipo de suelo, las características y los criterios de calidad del agua residual, las especies cespitosas y ornamentales a implantar, programas de mantenimiento, etc.; y haciendo especial hincapié en la salinidad, parámetro éste que nos determinará la idoneidad de un agua para el riego del campo de golf; ya que el agua de riego aporta continuamente sales al suelo, pudiéndose acumular hasta alcanzar un nivel perjudicial para los céspedes.

La velocidad de acumulación dependerá de la cantidad de sales aportadas por el agua de riego y de la cantidad de sales eliminadas por el lavado del suelo. Por consiguiente el manejo de estas aguas deberá realizarse con técnicas de gestión que contemplen la permeabilidad del suelo, la fitotoxicidad de iones, problemas secundarios (corrosión de tuberías de riego, obturación de los sistemas de riego, concentraciones de cloro residual elevadas procedentes de la desinfección), etc. Muchos de estos inconvenientes se agravarán con el aumento en la salinidad de esta agua, aunque el uso de aguas residuales procedentes de EDAR no suele presentar problemas de salinidad. Especies como Cynodon o Zoysia presentan una buena tolerancia a la salinidad, del orden de 8 a 16 mmhos/cm. o como el Paspalum vaginatum, con más de 18 dS/m., llegando a sobrevivir a mayores niveles siempre que el mantenimiento sea adecuado.

Para llevar a cabo estos estudios, deberíamos considerar algunos parámetros analíticos que determinen la calidad del agua; entre estos los que nos pueden indicar si el uso del agua presentará problemas de salinidad, como son la Conductividad eléctrica (CE), Sólidos totales disueltos (STD), y concentraciones de algunos elementos como el calcio, sodio, carbonatos, bicarbonatos, sulfatos y cloruros. O en otro nivel, los parámetros relacionados con la nutrición del césped, como son los relativos a macronutrientes ( nitrógeno, fósforo y potasio) o los que van a valorar la riqueza de micronutrientes y metales pesados. Otros parámetros a tener en cuenta son el pH, cloro residual, DQO, DBO y materia en suspensión.

 

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